cerca de doscientas excursiones

CERCA DE DOSCIENTAS EXCURSIONES


Cuando concluya el ejercicio de 2006, el Grupo de Montaña Piélago ya habrá superado la barrera de las doscientas excursiones organizadas, cifra ya más que importante, producto de casi década y media de actividad ininterrumpida. Una lista interminable de emblemáticas cumbres, todas ellas cercanas o superiores a los mil novecientos metros de altura, figuran en el amplio currículo de ascensiones colectivas .realizadas por el grupo cangués a lo largo de la cordillera y sierras circundantes, situadas sobre todo en territorio astur-leonés. 

Forman parte de la misma el Cuiña y Mostellar, en Los Ancares; el Miravalles, Teso Mular, Alcornón,  Miro, Catoute y Nevadín en la parte más occidental; Cogollo, Cogollo de Cebollero, Cornín, Cornón, Mocoso, Muxivén, Peña Salgada, Peña Chana, Montihuero, Peña Orniz, Albos, Morronegro, Ferreirúa y Pico La Cañada, entre tierras de Somiedo – Teverga y Laciana – Babia; Peña Rueda, Huertos del Diablo, Ranchón, Peña Llana, Fariñentu, Peña Ubiña, La Almagrera y Negrón, en el macizo de Ubiña o cercanías; Cellón, Páxara, Tres Concejos, Estorbín; Huevo de Faro y Morala, en la zona central; Ausente y Requejines, en la zona de San Isidro y Tiatordos en tierras de Caso y Ponga.  Esta relación nos lleva también en un largo recorrido por multitud de sierras interiores y costeras de la geografía asturiana, con ascensión a sus apéndices más importantes, destacando el Panchón, Mosqueiro, Hospital y Carondio, en tierras de Allande; Mulleiroso, Estoupo, Espina y Palancas, entre Tineo y Valdés; Peña Manteca, Courio, Rubio, Pedrorio y Vío, hacia Somiedo, Miranda y Salas; Caldoveiro y Loral, en Yernes y Tameza; La Siella, en Teverga; Gamonal y http://es.openoffice.org/Monsacro, en Riosa y Morcín; Varallonga y Peña Mayor, en Naya, y el Pienzu en el Sueve.

Cruzando por sus pasos más tradicionales los límites entre Asturias y León, se han recorrido a pie muchas de las antiguas y otrora concurridas vías de comunicación, caso de las que unían Tormaleo y Rebollar con el valle de Fornela por los puertos de Cienfuegos y Trayecto, o las que en tierras de Cangas y Somiedo llevaban desde Genestoso y Villar de Vildas hacia Orallo, pasando por el collado de las Tres Lagunas y el puerto de Las Cerezales, respectivamente; no podían faltar tampoco en este amplio listado de travesías las viejas calzadas romanas de La Mesa (en dos ocasiones) y de La Carisa , a las que también se deben añadir en la parte oriental los no menos importantes pasos que discurrían por los conocidos caminos de la Wamba, entre San Isidro y Caso, y la Senda del Arcediano que comunicaba las leonesas tierras de Sajambre con Amieva.  Un gran número de destacadas rutas de ribera  y los más tradicionales recorridos por las hoces o desfiladeros de la región también figuran en el palmarés del Piélago, como la Ferreiría y Riodeporcos entre Fonsagrada e Ibias, la Ruta del Agua en Taramundi o las cascadas de Oneta en Villayón; la promocionada Senda del Oso y el espectacular desfiladero de Las Xanas, ambos en dos ocasiones, son recorridos realizados en la zona central asturiana, a los que se pueden añadir los no menos pintorescos de la Ruta del Alba (Sobrescobio), desfiladero de los Arrudos (Caso), las foces de los ríos Pinos y Rubayer (Aller), del río Pendón (Nava) y de Moñacos (Piloña – Caso), y la conocida como Ruta de los Molinos en Villaviciosa; ni qué decir tiene que tan amplio listado siempre quedaría incompleto si en él no figurara la emblemática Senda del Cares, cuyo recorrido ha sido realizado por el colectivo cangués hasta en tres ocasiones.  Gran parte del litoral centro occidental asturiano, desde Peñas hasta el Eo, y de la “mariña” lucense fueron también objetivo de la tradicional ruta costera programada anualmente por el Piélago, convirtiéndose además en una de las actividades con mayor aceptación.

Para el final quedan los múltiplos itinerarios realizados por las propias tierras de Cangas, donde prácticamente no queda apenas lugar que no haya sido visitado en alguna ocasión.  A la ascensión a las más emblemáticas cumbres, como es el caso del Cueto de Arbas, Chao los Buéis, Caniel.las, Cabril, Cueto Rogueiro, Morteiro y Morteirín, Pico del Fraile, Rabo de Asno o Gobias de Cibea y Cacabiecho, añadiremos los apacibles recorridos por el interior de nuestros más insignes bosques, desde Muniellos hasta Hermo, sin olvidar otros no menos emblemáticos como los montes del Gato y Oso, La Viliella, Larón o Pumar; no dejaremos de lado todo un sinfín de recónditos y casi impenetrables valles, que en muchas ocasiones contrastan con el suave perfil de las múltiples sierras que los forman, por cuyas alomadas cimeras, salpicadas de capillas y restos de viejas brañas, verdaderos tesoros etnográficos, se discurre plácidamente.

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